viernes, 25 de agosto de 2017

Se libre y loca, pequeña.

He pasado muchos malos tragos en esta vida. Muchos momentos de desespero, de no saber que hacer, de querer salir corriendo y de gritar, de gritar tan fuerte que terminé ahogando mi propia voz. He sentido vacíos de cosas que ni si quiera sabía que me faltaban, me he sentido una extraña en mi propia mente... Pero todas esas cosas me han hecho darme cuenta de quién soy y de qué quiero para mí en esta vida. Todos esos momentos me han hecho ordenar mis prioridades y estoy orgullosa del riguroso y a la vez caótico orden que tiene mi mente en estos momentos.

He aprendido el concepto de la reciprocidad, el de la esperanza y el de la fuerza de voluntad. He aprendido a valerme por mi misma, a no necesitar a nadie para hacer aquello que me gusta, a disfrutar de mis momentos de soledad y atesorar aquellos que paso con mis seres queridos. 

Me gusta como soy y en qué me he convertido. Me gusta ser fiel a mis principios y a mis normas básicas para el relacionamiento. Me gusta que mi cuerpo sea capaz de sonreírme cuando yo le sonrío. Me gust sentirme libre y capaz de ser quién yo quiera en cada momento. 

Me parece crucial, crucial para la supervivencia de mi propia persona, no perder esas cosas que me hacen sentir feliz, que me hacen setirme orgullosa de mi misma, no debo permitir que me sean arrebatadas. Por ello, lucharé, lucharé con uñas y dientes para defender aquello que es mío, aquello que tanto me ha costado y tanto esfuerzo he puesto para conseguir. Y no dejaré que el universo, con sus extrañas formas de organizar su propio contenido, me lo arrebate en una de sus muy astutas y enrevesadas batallas consigo mismo.

Resistiré. Construiré mi fortaleza abierta al mundo y fluiré en la ventisca con mis brazos abiertos y sin perder un gramo de locura.

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"La locura es el estado en el que la felicidad deja de ser inalcanzable."

martes, 30 de mayo de 2017

A mis queridos profesores.

Durante toda mi infancia y adolescencia me he encontrado con un repertorio de profesores y profesoras dignos de admirar que han hecho de mí una persona civilizada, formal y sensible. A vosotros y vosotras, que probablemente estaréis leyendo esto, os guardo un cariño y un aprecio inigualable. Para mí siempre seréis esos héroes y heroínas diarios que me ofrecieron una mano cuando la necesitaba y que me enseñaron más allá de las fronteras formales de nuestro currículum educativo.
Hoy estoy escribiendo esto porque quiero agradeceros algo. Quiero agradeceros todo aquello que habéis compartido conmigo, todo lo que me habéis enseñado, pues sin vosotros ahora mismo no sería quién soy y no tendría la capacidad de contaros esto desde una perspectiva crítica.

Todos habéis sido partícipes de mi proceso de aprendizaje, habéis conocido mis virtudes y defectos, y a menudo habéis tenido que lidiar con mi no muy fácil carácter. Pero habéis aguantado y resistido por mí, porque, aunque yo entonces no lo supiese, vosotros habíais visto en mí una voluntad por el conocimiento y el aprendizaje que ha ido creciendo cada vez más. Y sí, actualmente puedo decir que una de mis cosas favoritas en el universo es aprender, conocer, investigar... en definitiva:estudiar.
Sin embargo, desde que acabé el bachillerato esta voluntad por el aprendizaje ha ido menguando poco a poco en mí, llegando incluso a desaparecer en algunos momentos de mi vida. Esto me ha hecho replantearme en diversas ocasiones mi elección de carrera, pues pensaba que me había equivocado, que mi afán por el conocimiento y por compartirlo con el resto de individuos de nuestro humilde planeta no era más que una invención que mi subconsciente había creado y que se había arraigado tanto en mi interior que había terminado convirtiéndolo en una realidad ficticia. Pero durante los tres años que llevo en mi carrera y, sobretodo, durante este último año de decepción, debo deciros que no. Que el problema no está en mí. Ese afán por el conocimiento sigue existiendo y mientras perdure continuaré queriendo compartirlo con el mundo, porque cuando aprendo algo nuevo realmente disfruto con ello y pienso que eso es algo que todo el mundo debe tener la posibilidad de conocer.
Os preguntaréis por qué estoy escribiendo todo esto, y la razón es muy simple. Necesito mostrar al mundo la decadencia del sistema universitario español, y voy a hacerlo a través de mí, de mi caso, de mi experiencia.

Yo entre en la carrera muy ilusionada con todo el nuevo proyecto que se iba construyendo ante mis ojos. Pero ahora me he dado cuenta de que esto no es cierto. No había nada construyéndose ante mí, más bien lo que mis ojos podían observar era como se derrumbaba aquel bonito castillo que mis sueños e ilusiones había estado construyendo en esa realidad ficticia a la que me enfrentaba. Todos me habían pintado la universidad como un mundo ideal, lleno de conocimiento, compañerismo, experiencias extraordinarias... Pero, sin duda, yo no he entrado en ese mundo.
Entré en la carrera pensando que esta sería la primera de muchas otras y que podría continuar formándome durante mucho tiempo. Sin embargo, si hubiese llegado a saber todo lo que conozco ahora sobre la realidad universitaria jamás hubiese entrado en este odioso mundo (o al menos no de manera presencial). La universidad es un cúmulo de cosas mal hechas junto con una cantidad insólita de profesionales no preparados para la enseñanza que no tienen voluntad por enseñar, y menos por aprender. Para mí es una empresa, una empresa que te cobra un dinero (bastante elevado) por unas horas de TU tiempo que jamás recuperarás y que, en la mayoría de los casos, podrías haber invertido en algo mucho más enriquecedor y productivo.
Los profesores universitarios, si es que merecen ser llamados así, parecen tener siempre algo mejor que hacer que ayudarte a comprender un concepto o servirte de guía durante tu periodo estudiantil. Puedo contar con los dedos de una mano las veces que un profesor de este ámbito se ha preocupado por mi aprendizaje real, y todavía me sobran dedos. Asimismo, me falta tiempo y dedos en las manos para contaros las muchas veces que estos mismos individuos se han desentendido de mí, me han mentido o han decidido hacer caso omiso de mis continuadas preguntas sin respuesta. Pues, "esta ahí, solo tienes que leerlo".
Lo único que he hecho durante todo este periodo ha sido poner en práctica las muchas cosas que vosotros, maestros y maestras de mis anteriores etapas educativas, me habéis enseñado. Y es por eso que hoy os agradezco esto, os agradezco haberme formado para ser una profesora ejemplar, os agradezco que hayáis hecho de mí una persona fuerte capaz de estar escribiendo esto hoy. Pues de no ser por esa fuerza de voluntad que creasteis en mí, ahora mismo los daños colaterales de este infierno universitario serían mucho más graves e irreparables.
Por suerte, todavía estoy a tiempo de conocer otro mundo, y eso voy a hacer. Después de mucho esfuerzo por mi parte, he conseguido subir mi media académica lo suficiente como para que mi universidad me permita finalizar mis estudios en otro país. Y os aseguro que estoy deseando largarme.
Ah, y a vosotros, queridos profesores universitarios, recordaros algo que habéis olvidado: sois los responsables de formar a varias generaciones de profesionales y, concretamente en magisterio, deberíais tener en cuenta la importancia de vuestro papel en la sociedad. Pues si vosotros no nos preparáis para ejercer una profesión tan gratificante como es la enseñanza, llegaremos a las aulas sin la más remota idea de como realizar tan ardua tarea, por lo que, si tenemos que contar con vuestra ayuda como único medio para el aprendizaje en esta carrera, temo por las futuras prácticas docentes de las que mis hijos y nietos tendrán que ser partícipes. Y desde aquí os pido que reconsideréis vuestras elecciones y tengáis en cuenta la repercusión de vuestros actos.

No me extraña que los jóvenes de hoy en día lo único que queramos sea emigrar al terminar la carrera, deshacernos de este país y olvidar todo el daño que nos ha hecho.
Pero, sinceramente, puedo aseguraros que jamás olvidaré esta experiencia tanto como para ser tan estúpida de volver a realizarla. No. Me niego. Tan solo tengo 20 años y tengo serias dudas sobre la capacidad de mi sistema nervioso para soportar otro periodo tan horrible como este. Pues me siento timada. Me gustaría poder reclamar los tres años invertidos en la universidad, son el sudor y las lágrimas de mis padres y, desgraciadamente, lo único que han recibido a cambio de todo eso ha sido el tener que soportar el dolor de una hija estresada, agobiada, maltrecha y desamparada que anhela volver a ser esa pequeña criaturita que salió del cascarón con una gran sonrisa en la cara.
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