martes, 30 de mayo de 2017

A mis queridos profesores.

Durante toda mi infancia y adolescencia me he encontrado con un repertorio de profesores y profesoras dignos de admirar que han hecho de mí una persona civilizada, formal y sensible. A vosotros y vosotras, que probablemente estaréis leyendo esto, os guardo un cariño y un aprecio inigualable. Para mí siempre seréis esos héroes y heroínas diarios que me ofrecieron una mano cuando la necesitaba y que me enseñaron más allá de las fronteras formales de nuestro currículum educativo.
Hoy estoy escribiendo esto porque quiero agradeceros algo. Quiero agradeceros todo aquello que habéis compartido conmigo, todo lo que me habéis enseñado, pues sin vosotros ahora mismo no sería quién soy y no tendría la capacidad de contaros esto desde una perspectiva crítica.

Todos habéis sido partícipes de mi proceso de aprendizaje, habéis conocido mis virtudes y defectos, y a menudo habéis tenido que lidiar con mi no muy fácil carácter. Pero habéis aguantado y resistido por mí, porque, aunque yo entonces no lo supiese, vosotros habíais visto en mí una voluntad por el conocimiento y el aprendizaje que ha ido creciendo cada vez más. Y sí, actualmente puedo decir que una de mis cosas favoritas en el universo es aprender, conocer, investigar... en definitiva:estudiar.
Sin embargo, desde que acabé el bachillerato esta voluntad por el aprendizaje ha ido menguando poco a poco en mí, llegando incluso a desaparecer en algunos momentos de mi vida. Esto me ha hecho replantearme en diversas ocasiones mi elección de carrera, pues pensaba que me había equivocado, que mi afán por el conocimiento y por compartirlo con el resto de individuos de nuestro humilde planeta no era más que una invención que mi subconsciente había creado y que se había arraigado tanto en mi interior que había terminado convirtiéndolo en una realidad ficticia. Pero durante los tres años que llevo en mi carrera y, sobretodo, durante este último año de decepción, debo deciros que no. Que el problema no está en mí. Ese afán por el conocimiento sigue existiendo y mientras perdure continuaré queriendo compartirlo con el mundo, porque cuando aprendo algo nuevo realmente disfruto con ello y pienso que eso es algo que todo el mundo debe tener la posibilidad de conocer.
Os preguntaréis por qué estoy escribiendo todo esto, y la razón es muy simple. Necesito mostrar al mundo la decadencia del sistema universitario español, y voy a hacerlo a través de mí, de mi caso, de mi experiencia.

Yo entre en la carrera muy ilusionada con todo el nuevo proyecto que se iba construyendo ante mis ojos. Pero ahora me he dado cuenta de que esto no es cierto. No había nada construyéndose ante mí, más bien lo que mis ojos podían observar era como se derrumbaba aquel bonito castillo que mis sueños e ilusiones había estado construyendo en esa realidad ficticia a la que me enfrentaba. Todos me habían pintado la universidad como un mundo ideal, lleno de conocimiento, compañerismo, experiencias extraordinarias... Pero, sin duda, yo no he entrado en ese mundo.
Entré en la carrera pensando que esta sería la primera de muchas otras y que podría continuar formándome durante mucho tiempo. Sin embargo, si hubiese llegado a saber todo lo que conozco ahora sobre la realidad universitaria jamás hubiese entrado en este odioso mundo (o al menos no de manera presencial). La universidad es un cúmulo de cosas mal hechas junto con una cantidad insólita de profesionales no preparados para la enseñanza que no tienen voluntad por enseñar, y menos por aprender. Para mí es una empresa, una empresa que te cobra un dinero (bastante elevado) por unas horas de TU tiempo que jamás recuperarás y que, en la mayoría de los casos, podrías haber invertido en algo mucho más enriquecedor y productivo.
Los profesores universitarios, si es que merecen ser llamados así, parecen tener siempre algo mejor que hacer que ayudarte a comprender un concepto o servirte de guía durante tu periodo estudiantil. Puedo contar con los dedos de una mano las veces que un profesor de este ámbito se ha preocupado por mi aprendizaje real, y todavía me sobran dedos. Asimismo, me falta tiempo y dedos en las manos para contaros las muchas veces que estos mismos individuos se han desentendido de mí, me han mentido o han decidido hacer caso omiso de mis continuadas preguntas sin respuesta. Pues, "esta ahí, solo tienes que leerlo".
Lo único que he hecho durante todo este periodo ha sido poner en práctica las muchas cosas que vosotros, maestros y maestras de mis anteriores etapas educativas, me habéis enseñado. Y es por eso que hoy os agradezco esto, os agradezco haberme formado para ser una profesora ejemplar, os agradezco que hayáis hecho de mí una persona fuerte capaz de estar escribiendo esto hoy. Pues de no ser por esa fuerza de voluntad que creasteis en mí, ahora mismo los daños colaterales de este infierno universitario serían mucho más graves e irreparables.
Por suerte, todavía estoy a tiempo de conocer otro mundo, y eso voy a hacer. Después de mucho esfuerzo por mi parte, he conseguido subir mi media académica lo suficiente como para que mi universidad me permita finalizar mis estudios en otro país. Y os aseguro que estoy deseando largarme.
Ah, y a vosotros, queridos profesores universitarios, recordaros algo que habéis olvidado: sois los responsables de formar a varias generaciones de profesionales y, concretamente en magisterio, deberíais tener en cuenta la importancia de vuestro papel en la sociedad. Pues si vosotros no nos preparáis para ejercer una profesión tan gratificante como es la enseñanza, llegaremos a las aulas sin la más remota idea de como realizar tan ardua tarea, por lo que, si tenemos que contar con vuestra ayuda como único medio para el aprendizaje en esta carrera, temo por las futuras prácticas docentes de las que mis hijos y nietos tendrán que ser partícipes. Y desde aquí os pido que reconsideréis vuestras elecciones y tengáis en cuenta la repercusión de vuestros actos.

No me extraña que los jóvenes de hoy en día lo único que queramos sea emigrar al terminar la carrera, deshacernos de este país y olvidar todo el daño que nos ha hecho.
Pero, sinceramente, puedo aseguraros que jamás olvidaré esta experiencia tanto como para ser tan estúpida de volver a realizarla. No. Me niego. Tan solo tengo 20 años y tengo serias dudas sobre la capacidad de mi sistema nervioso para soportar otro periodo tan horrible como este. Pues me siento timada. Me gustaría poder reclamar los tres años invertidos en la universidad, son el sudor y las lágrimas de mis padres y, desgraciadamente, lo único que han recibido a cambio de todo eso ha sido el tener que soportar el dolor de una hija estresada, agobiada, maltrecha y desamparada que anhela volver a ser esa pequeña criaturita que salió del cascarón con una gran sonrisa en la cara.

martes, 14 de junio de 2016

Quiero estar hecha de pedacitos del mundo.

Puede que nunca llegue a ser lo suficientemente fuerte como para que me de igual todo. Puede que sea demasiado emocional para ello. Puede que ponga demasiado empeño en las cosas que hago, o que me deje llevar demasiado por mis emociones. Eso no te lo pongo en duda.

Pero me niego a admitir que soy una más, aunque busque sentirme aceptada, acogida, aunque busque sentirme querida. No quiero ser una más. Quiero ser yo y a la vez un todo. Quiero ser capaz de cualquier cosa. Quiero vivir tanto que me olvide de que la vida puede acabar. Quiero abrazar árboles, farolas y banderas. Quiero sentirme arropada por la arena y adentrarme en bosques espesos. Quiero perderme en la profundidad del mar, pero sin perder de vista mi tierra. Sí. Mi tierra. Porque voy a permitirme el privilegio de llamar a un lugar mi hogar. O a muchos lugares, todavía no lo tengo claro.

Pero lo que sí que tengo claro, es que no quiero sentirme indiferente. Quiero ser importante, importante para mí, para mi vida. Quiero ser la protagonista de mi propia historia, y quiero contar esta historia a mis nietos cuando todo mi cabello sea plateado.

Puede que nunca llegue a construir una historia muy emocionante, o aventurara, o incluso interesante. Pero procuraré que todas y cada una de las cosas que haga, tengan un pedazo de mi persona, y que todas y cada una de las cosas que vea, cambien otro pedacito de mi persona. Y todo esto tengo la intención de hacerlo con la máxima emocionalidad posible. Tengo la intención de llorar y reírme al mismo tiempo. De estar triste durante semanas y reír a carcajadas en un instante. De luchar con valentía por algo y sentirme cobarde cuando lo vea cerca. De lanzarme desde lo más alto, para luego cerrar los ojos por miedo. Porque eso soy yo. Un saco de emociones andante. Un ser bueno y malo al mismo tiempo. Una persona con calificaciones contradictorias. Y jamás quiero ser otra cosa.

miércoles, 20 de enero de 2016

Carta abierta a las personas de mi vida.

Es un hecho el decir que por la vida de una persona los amigos van y vienen, pero por mi vida han pasado más amigos que buenas decisiones. En mis cortos 19 años de vida he tenido 6 "amigos para toda la vida", 3 "mis hijos te llamarán tía/tío", más de una veintena de "amigos que siempre estarán ahí", 5 grupos de "estaremos siempre unidos" y más de un centenar de "¡prometo que quedaremos más!". 

Todo esto me ha llevado a la conclusión de que las relaciones humanas se están convirtiendo en una farsa. Explicaré esto siendo sincera: siempre que he hecho un nuevo amigo ha sido porque esa persona necesitaba algo de mí o yo necesitaba algo de ella. Dentro de este "algo" encontramos un infinito abanico de posibilidades que van desde el más cálido de los abrazos hasta la más complicada pregunta del examen. 

En la actualidad las relaciones se han convertido en un intercambio de intereses. Valoramos a las personas que nos rodean en torno a lo que nos aportan, ya sea chicles, besos o conocimientos. Utilizamos a los humanos que nos rodean como fuente de ingresos ilimitada de cosas que necesitamos. Sin embargo, como ya he dicho, son un "intercambio" y cuando tú das algo esperas, consciente o inconscientemente, recibir otro algo a cambio, aunque sea una simple conversación vacía.

Muchas veces esta concepción que me he creado de las relaciones humanas me ha llevado a que algunos de esos "amigos" que he mencionado antes desaparezcan de mi vida, pero, por desgracia, no sin dejar rastro. Pues cuando alguien desaparece de tu vida deja incompleta esa acción del intercambio y da a conocer la que he bautizado como "la sensación del vacío argumental". Esta sensación tiene muchas formas de manifestarse, desde la decepción y la depresión hasta la alegría y la euforia, pues depende del tipo de intercambio que estuvieses realizando con dicha persona. Me explico. Si una persona que no hace más que pedirte cosas y cosas y cuando tú necesitas algo de esa persona te es imposible conseguirlo, no vas a llorar si desaparece de tu vida. Saldrás de fiesta, si eso. Pero si se da un intercambio notable de las denominadas "cosas importantes de la vida", cuando ese intercambio deja de producirse, con o sin un motivo aparente, se nota. Y mucho. Tanto es así que cada vez hay más depresiones en este finito planeta.

A pesar de todo esto, siguen existiendo relaciones que superan barreras, mareas, muros, hasta niveles del Candy Crush. Y parece que están hechas para durar para siempre. Pero... ¿qué más dará eso al final? Nacimos para el mundo y moriremos por él, sin importar cuantas veces nos dijimos te quiero, cuantas veces les llamamos groseros o cuantas veces le tiramos de los pelos a la más zorra del bar. 
Así que, si quieres un consejo: vive, que las putadas y placeres que te harán disfrutar de esa vida, llegarán de la mano de las personas-amigo con las que intercambies intereses y esos intercambios tan solo dependen de ti y de tus actuaciones, así como de la capacidad que tenga la otra persona de entablar una conversación en la que no termines hablando del clima. 


"Si las personas fueran dinero, el mundo estaría lleno de billetes falsos."

viernes, 9 de octubre de 2015

Complete me.

Hoy tengo uno de esos días en los que me apetece abrazar mis piernas, cerrar fuerte los ojos y volver a despertarme de forma diferente. ¿No os ha pasado nunca? 
Se supone que en el momento de mi vida en el que estoy no podría ser más feliz. Me lo pintan todo taaan bonito... joven, universitaria, fiestera, buena estudiante, con novio... Y aún así, siento que me falta algo. 
Tal vez es simplemente que he perdido tantas cosas en mi vida que el vacío que dejaron no es fácil de llenar. O tal vez es simplemente que soy una idiota egoísta que no se conforma con tenerlo todo, sino que quiere más todavía. O tal vez es simplemente que hoy no ha salido el sol y mis ojos no quieren volver a abrirse hasta mañana. No lo sé. 
Simplemente sé que en estos momentos las partes de mi cuerpo que estaban pegadas con celo, se están desprendiendo y están dejando mi pobre y frío corazón desolado. 
Sé que no es malo estar triste. Pero tengo miedo a estarlo. Tengo miedo de que un día empiece a llorar y realmente no sea capaz de volver a parar. Tengo miedo de no volver a sentirme completa. 
PD: Continúo echándote de menos. 

lunes, 25 de mayo de 2015

No parece que necesites saberlo.

Me gustan los pájaros. Me gusta la forma en la que vuelan libres sin ni si quiera saber que lo son. Me gusta la manera en a que parecen ligeros y felices sin saber qué significa eso de la felicidad. Me gusta cómo se mueven sus alas al son del viento sin atender a las complicadas tareas de las matemáticas. Me gusta la forma en la que dirigen un vuelo sin pasajeros ni mercancías. Me gusta su manera de vivir. De sentir. De simplemente desplazarse de un punto A a un punto B sin tener claro cuál será el próximo destino. Tampoco parece que necesiten saberlo.





Vuela. Vuela lejos. Vuela libre.

jueves, 14 de mayo de 2015

Para ti.

Hola niño bueno, prácticamente eres el único de mi vida al que le da por cotillear esto de vez en cuando, así que ahora sí que va para ti. Pero ya sabes que no tienes que decirme que lo has leído, que me da mucha vergüenza... Que ahora quién te escribe no soy yo, es mi mente, y sabes que mi mente está llena de cursiladas y moñadas varias, así que considérate advertido...
La verdad es que quiero que sepas que gracias a ti estoy pasando por uno de los momentos más dulces, adorables e increíbles de mi vida. Que entrases en mi pequeño mundo fue uno de los mejores regalos de navidad que me han hecho (quitando la casita de los pin y pon y mi amada, preciosa y anticuada gameboy, obviamente).
Eres una personita (o personota que sería más adecuado teniendo en cuenta que a tu lado parezco una hormiga) que poco a poco se está ganando un hueco en mi corasonsito ♥. Y quiero que siga siendo así, porque no soy capaz de predecir el futuro (aunque tu dame tiempo, ya verás, el poder de la mente de Sheldon llega muy lejos) ni de saber qué sera de ti y de mi dentro de un mes, un día o tan solo cinco segundos, pero sí se decirte que si ahora mismo tuviese que apostar sobré a quién querré abrazar en un mes, un día o tan solo cinco segundos, apostaría todo lo que tengo y todo lo que soy por ti. (te avisé de que iba a ser cursi) 
Porque, pequeño (gigante), no tengo ninguna intención de echarte de mi vida (obviamente, no puedo deshacerme de mi suministro constante de chocolate y oxitocina)

martes, 14 de abril de 2015

¿Quieres ser mi novio?

Ayer, 13 de abril, fue el "día internacional del beso". Cosa que, a mi parecer, no es más que otra invención, con hashtag asociado, para llenar las redes sociales con mensajes y fotos en las que proclames el amor por tu chico (o chica o animal o extraterrestre) al mundo.
¿Para qué quiere el mundo saberlo si la mayor parte de tu mundo está pegado a sus orejas?
Esto para mí es lo mismo que las maldecidas etiquetas que definen a las personas. Como si lo que me define fuese lo que soy. No nos engañemos, todos caemos al final en esas etiquetas, pero unos más por compromiso social que por otra cosa.
Porque parece que no es suficiente con ser feliz, divertirte y querer a una persona. No. También tienes que hablar con esa persona y definir lo que sois. ¿Y para qué? ¿Para tener a la sociedad contenta? ¿Para hacer frente a un montón de promesas ocultas bajo esas dichosas etiquetas? No estoy dispuesta a pasar por eso. No necesito una etiqueta que defina lo que siento por esa persona. Yo sé lo que siento, aunque no sepa muy bien como enfrentarme a ello. Y si quiero hacerle promesas a esa persona, me aseguraré de hacerlas cómo yo quiera y en el momento oportuno.
No voy a jurarte fidelidad a las dos semanas de conocerte, todavía no te conozco lo suficiente ni si quiera para decidir si quiero que sigas en mi vida. No voy a poner mi mano en el fuego y decirte que jamás voy a hacerte daño. Lo haré, pero si que te prometo que jamás será intencionadamente. No voy a prometerte amor eterno cuando ni si quiera soy capaz de reconocer el amor por mí misma...
Te haré todas las promesas que quiera hacerte. Te daré todos los besos que quiera darte, sin importar quién esté mirando o qué día sea.
Pues al fin y al cabo, lo que somos es personas. Personas que pueden decidir. Personas que pueden amarse u odiarse, dependiendo del momento. Personas que son capaces de todo. Y, si no quiero ceder a los impuestos sociales, no es porque te quiera menos o porque no quiera que el resto de mi mundo te conozca. Es porque tengo miedo. Miedo a todas esas promesas implícitas. Miedo a lo que pueda venir después.

viernes, 27 de marzo de 2015

Algunos lo llaman amor.

Es muy fácil escribir cuando estás triste. Las palabras fluyen de repente. Es como en esa película: tú tan solo te dedicas a escribir lo que te llega del universo.
En cambio, cuando todo va bien, cuando la tormenta pasa, escribir es muy difícil... No tienes tiempo, no tienes ganas, no tienes ideas. En definitiva: no es fácil escribir sobre las cosas que nos hacen felices, pero de todos modos hay que intentarlo.

¿Sabes ese momento en el que absolutamente todo lo ves de color rosa y piensas que las cosas no podrían irte mejor en la vida? Acabo de pasar por uno de esos gloriosos y extraordinarios momentos. Todo era rosa, bonito, feliz. Vivía en una nube. Que digo una nube, vivía mucho más allá de las nubes, en las estrellas, en el firmamento.
Por desgracia olvidé una cosa muy simple: todo lo que sube, termina bajando.
Da igual cuan alto estés, la vida es una jodida montaña rusa y te llevará despacio hasta la cumbre para luego dejarte caer a una velocidad de vértigo.
Quiero forzarme a pensar en positivo, me niego a recaer. Y, siguiendo con mi jodida montaña rusa, por experiencia he podido probar que todas las montañas rusas empiezan y acaban en el mismo sitio. Por tanto, alguna vez tendré que volver a subir, ¿no?
Ojalá pudiese subir ahora, escalar poco a poco, traspasar las nubes y tocar las estrellas con la palma de las manos. Volver a sentir esa energía electrizante que recorrió todo mi cuerpo durante un corto periodo de tiempo. Porque sí, fue corto, pero fue una sensación increíble, una sensación que me hizo realmente creer que podría "ser infinita". Fue una vuelta atrás, pero con más fuerza que nunca.
Ahora solo me queda esperar a que vuelva esa sensación, a volver a tocar las estrellas, a volver a sentirme infinita entre ellas.


Si la vida fuese fácil, saldríamos vivos de ella.

domingo, 17 de agosto de 2014

¿Gris?

Últimamente creo que estoy en un pozo. Un hoyo del que no consigo salir. Sé que nadie cercano a mí lee esto y por eso lo escribo aquí... De un modo u otro escribir siempre ha sido mi terapia, mi medicación sin receta, mi droga. 
No sé que narices me pasa... Pero ya hace un par de meses que me siento así por dentro. Lo que pasa es que intento guardarlo y esperar que desaparezca, mostrar una sonrisa y decir que todo va bien... Y me da que no ha desaparecido, no, al contrario, esa sensación se ha hecho más fuerte. Y, a medida que se acerca mi cumpleaños, me veo más y más sola y no creo que pueda soportar esto mucho más. Cada vez se me hace más difícil no pensar en ello, respirar y hacer como si no pasase nada. Hoy he tenido que salir corriendo, y no sin antes haber hecho daño a aquellos a quién realmente quiero. No sé qué me pasa, no sé qué quiero, no sé hacia donde va mi vida en este momento. Lo único que sé es que no me gusta nada esta situación y que al escribir todo esto se me está formando un nudo en la garganta que tengo miedo de que termine ahogando mi voz. 
Ojalá todo esto sea pasajero, tan solo sea una prueba, una piedra en el camino, un bache. Porque el miedo a que esta sensación coja raíces y decida quedarse, me esta matando poco a poco, no me deja dormir y vuelven mis dichosas pesadillas... Necesito salir corriendo de esta situación, huir, porque intento enfrentarme a ello pero... no lo estoy consiguiendo. No voy a rendirme, por supuesto que no, pero necesito coger carrerilla para ser más fuerte, para enfrentarme a esto y vencerlo.
Pero ahora mismo no veo la salida hacia la que correr. Necesito ayuda para encontrarla y estoy cansada de esperar una ayuda que parece nunca llegar. Y lo peor de todo es saber que si alguien, solo por casualidad, lee esto, no va a ser capaz de ayudarme... Pero bueno, esta es mi realidad y... tengo que aceptarla, por mucho que duela. 
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...